Nuestras Raíces: El Corazón entre las Montañas

Desde el año 900 d. C., nuestra especial conformación geográfica sirvió como una inmensa atalaya natural. Desde aquí, los primeros pobladores otomíes oteaban toda la profundidad del Valle de México. Aunque el tiempo pasó y guerreros como el azteca Axayacatl dejaron su huella, el espíritu indomable de nuestro pueblo se mantuvo vivo en lo alto de estos cerros.

La historia de Tlazala es la historia de sus montañas. Nuestro nombre, de origen náhuatl, significa "entre las tierras", reflejando nuestra profunda e inquebrantable conexión con la naturaleza.

El origen

El mirador natural

En 1805, nuestra población hizo historia al unirse para adquirir las tierras de Monte Alto y destinarlas al uso comunal. Hoy, más de dos siglos después, seguimos honrando ese legado: cuidamos nuestros bosques y te abrimos las puertas para que vivas nuestra historia de primera mano.

El legado comunitario

Anteriormente la región fue denominada Tlazallan en el periodo prehispánico y Santiago Tlazala durante todo el periodo virreinal. Tlazallan deriva del nahuátl cuyo significado debe traducirse como tlalli, “tierra”; tzala, “entre”, que en conjunto significa “entre las tierras”; otra acepción es “lugar en que abunda la liga” (Hebianthus glutinosos), planta que sirve para capturar pájaros; si bien es cierto que esta zona fue habitada por el pueblo otomí, al ser conquistado por el imperio azteca se impusieron los nombres en dicha lengua (Martínez Vieyra, 1985). Se acuña el nombre de Isidro Fabela en homenaje a quien fuese gobernador de la entidad.

Isidro Fabela colinda al norte con el municipio de Nicolás Romero; al este con los municipios de Nicolás Romero, Atizapán de Zaragoza y Jilotzingo; al sur con los municipios de Jilotzingo, Otzolotepec y Temoaya; al oeste con los municipios de Temoaya y Nicolás Romero. Cuenta con una superficie que representa el 0.34 % de la superficie total del estado (INEGI).

Glifo Municipal

En 1805, la población de Santiago Tlazala compra el agostadero de Monte Alto y lo destinan a uso comunal. En 1820, con la instauración de la Constitución de Cádiz, en la Nueva España se crean ayuntamientos y con la unión de los territorios de Isidro Fabela y Jilotzingo se funda la municipalidad de Monte Alto.

Bajo el dominio español, la población indígena fue despojada de las tierras que por siglos le habían pertenecido y pasaron a ser propiedad de unos cuantos españoles por medio de otorgación de mercedes, tal es el caso de Azcapotzaltongo o Cahuacán, ubicados en este municipio. En este periodo surge la Hacienda de San Antonio de Padua, que fue explotada por los españoles y criollos; en 1808, los pobladores adquirieron esa hacienda que comprendía unas 2,450 hectáreas, para uso comunal. (Héctor González, 1975)

En 1860 se vendió una fracción de la hacienda mencionada a Sabás Iturbide. A raíz de esta transacción y valiéndose de su influencia política (miembro del Congreso en 1856-1857) consiguió que Santiago Tlazala fuera elevado a la categoría de Municipio, por decreto número 37 de 1868, agregándosele más tarde, el nombre de Iturbide en su honor.

Por el mismo decreto, los pueblos de Santa Ana Jilotzingo y Santiago Tlazala que tenían administración conjunta, se dividieron en dos municipios, desapareciendo Montealto como designación oficial y conservándose como nombre de la región. (Martínez Vieyra, 1985) El 19 de mayo de 1862, el general Francisco Ortiz de Zárate, gobernador y comandante militar del Estado de México, emitió el siguiente decreto:

Artículo Único. Entre tanto el Congreso del Estado resuelve lo conveniente respecto a la división territorial, se declara cabecera de la municipalidad de Montealto, el pueblo de Santiago Tlazala. (Esparza Santíbañez, 1999)

Finalmente, el día 3 de abril de 1970, por gestiones encabezadas por el ayuntamiento y plenamente respaldadas por el pueblo en Cabildos Públicos, la Legislatura Local, por Decreto No. 29, autorizó el nuevo nombre para el Municipio que desde ese momento se denomina Isidro Fabela y su Cabecera Municipal, Tlazala de Fabela. (Héctor González, 1975)